Donna sotto le stelle

en el colectivo me encuentro con u. lleva unos paquetes de prepizzas y una botellita de jugo de manzana y casi se le cae todo cuando se levanta de su asiento (se lo acaba de ceder a alguien que subió con un bebé en brazos). u es alta y bella y sin edad. por momentos parece una chiquilina de 20 años y por momentos parece una mujer mayor, una señora coqueta y apenas gastada. le comento que estoy yendo a una milonga en la calle alsina, a la nacional, que va a tocar no sé qué orquesta y u. dice que ella pensaba ir a la milonga al aire libre que hay en avenida de mayo. ¿se pone lindo? le pregunto. sí, van a tocar muchas orquestas en vivo, espectáculos de danza, se puede bailar en la calle, yo voy a ir. y ahí como si fuera lo más natural del mundo quedamos en que le escribo para encontrarnos en un rato. u. tiene que pasar por su casa pero después nos vemos. (u. es amiga de p. es así la cuestión: te alejás  y te encontrás con los amigos de, referencias por todas parte, el tango, los cuadros, la música, en fin).

y nos vemos. 

se cambió el atuendo: en el colectivo unas horas más temprano llevaba puesta una túnica/vestido corto de la india verde y anaranjado lleno de espejitos de colores como un caleidoscopio. 

para ahora, para la noche tanguera, eligió un vestidito de raso de color champagne, los hombros descubiertos, tiene su melena roja semirecogida con dos trenzas a los costados. parece una mujer emergida de un cuadro de gustav klimt y puesta en la avenida de mayo con sus zapatos de tango negros y con brillos y sus medias largas, los labios pintados de rojo y las mejillas con unas pinceladas de rubor. está muy linda y está contenta. 

u. habla un poco desordenadamente. parece que viviera en otro planeta. me cuenta de su hija, me muestra fotos. su hija es muy hermosa. me dice que se porta bien, que toca el piano (como ella) y baila (no sé si como ella). también hablamos de su padre y de la exposición de cuadros y de lo contento que estaba. le dije que yo había visto la fecha de la inauguración pero que ese día no había podido ir pero que seguramente iría en la semana. 

bailamos en los escenarios de avenida de mayo. ella me saca unas fotos. se preocupa por conseguir bailarín. le gusta uno chiquito que baila muy bien en ambos roles (acabamos de verlo en una exhibición). pedile de bailar, la incito. me dice que no, que es tímida, que le da vergüenza. el bailarín en cuestión sale a la pista con todo el mundo. la mayoría de las veces muchachos. u. se queja un poco de que el chico baile tanto con hombres. le digo que a lo mejor es porque a él le gusta más con hombres que con mujeres. cuando se libera [el bailarín] le apuro: dale, ya mismo vas y le pedís de bailar. u, de nuevo, no me animo. andá y decile, no va a pasar nada. finalmente suben al escenario y bailan una tanda. les saco fotos. ella está feliz. se transforma en el abrazo: no baila bien, es medio desordenada y sus piernas larguísimas se enriedan un poco. pero baila con amor. se va a ese lugar (quién sabe dónde) que es sólo de ella: su cara se transforma, su belleza  se expande, luminosa. 

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