incierto destino

El de las mujeres o el mío que pensaba libre y en realidad oscila entre estar pintada al óleo y vivir encaramada al podio de un amor inexistente.

Pará que me bajo a freír las milanesas, Cacho. 

Ayer en la milonga uno de camisa estampada, anillos, gomina, un pelotudo completo: ¿sos casada? ¿cómo te aguanta tu marido?. Luego: sos peligrosa. Todo eso porque le pegué. No fue tan grave pero se ve que el tipo tenía la sensibilidad de la princesa. Yo fui su garbanzo [un puntinazo en los dedos].

Lo cierto es que ando pegando mucho en el tango, tal vez por el enojo de la vida que se traduce en un baile demasiado energético, demasiado cargado de emociones no canalizadas, innecesarias en la economía del movimiento, redundantes para la comunicación de la pareja. Además este señor no quería saber nada con que le bajara el abrazo porque se ve que a él le gusta llevar a la hembra colgada del hombro como un koala. A mí un tanguerito me enseñó que el brazo va abajo, a la altura de la espalda del hombre. También me enseñó que las mujeres que reclamamos el cariño del macho somos unas egomaníacas incorregibles. Que no es lo mismo que decir "egomaníaca incogible".

Muchas cosas y de muy diversa índole se aprenden en esos antros.

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Juntemos lo que tengamos en stock ahí guardado dicen acá cerca, el del escritorio de atrás. Se la pasa hablando de la refinería y de cuestiones de seguridad. Asuntos que no me conciernen.


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