Tres gatitos

Uno amistoso. Otro enemigo. Otro que vive afuera.
A todos hay que darles de comer.
El amistoso es anaranjado. Los otros dos son grises.

El enemigo se esconde durante el día y sólo aparece por las noches, momento en el que sale a buscar el alimento que le dejamos preparado en un rincón de la cocina. Nos cruzamos una madrugada. Hubo un instante de incertidumbre en  nuestras miradas, en nuestros cuerpos: como cuando uno va caminando por la calle y se enfrenta con una persona y los dos se mueven hacia el mismo lado y luego hacia el otro y ninguno puede avanzar. Hasta que uno de los dos se queda quieto y el otro pasa por el costado y ambos prosiguen su camino.

Yo fui quien se quedó quieta.
El gato gris se escapó.

El gatito que vive afuera pide lo suyo a través del cristal con la patita levantada.

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